domingo, 22 de marzo de 2009

LA MONTAÑA DORMIDA


De la montaña surge la voz rotunda del alba:
en el centro la flor.

Por las horas que cuentan las riberas,
sueñan mis dedos
con la humedad marchita del olvido.

Ser en lo ansiado presencia
turba a los ciervos alados mientras rumian
minúsculos bivalbos sonrosados.

Hay una fiera que acecha
por mil besos en silencio.
La brisa trae un huracán prisionero.
La vida otra vida
y el sueño otro sueño.

Apenas pasada la mañana.
Es la hora del sesteo:
poca actividad; pulsos apagados;
calor en los senderos y un vuelo desvelado
que marca caprichosas rutas de huecos
sobre la montaña recostada en el horizonte,
hecho arco de esperanza en la hora del sesteo.

Saben bien las ondas del agua
recoger la voz rotunda del alba
y hacerla susurro que consuele
al narciso descreído
que duerme su belleza
dentro de lo más oculto del venero.

( En el centro la flor:
bajo la montaña dormida).

1 comentario:

Manuel Díaz Escalera dijo...

Muy bonito. Es usted nuestra inspiración.