viernes, 3 de abril de 2009

ATLANTE DEL TIEMPO

Tenemos entre las manos,
frente a nuestros huesos,
vacías estancias caídas
desde un paraíso amargo.

Luz repentina que quiebra
la tristeza opaca de los olvidos:
reposa tus palabras necias
al borde del camino lacerado
con la voz sangrante de los muertos.

En el aire un espanto;
en la tierra mi canto callado;
las voces de los lirios llorando;
la entreabierta ventana deja pasar
un apergaminado rayo.

Y el Atlante del tiempo,
cínico y barbado, se inclina
para oler el aroma oscuro del olvido.

1 comentario:

J.L. de Castro dijo...

Es triste, pero me gusta. Feliz semana santa, artista.