

Los ríos que nacen de una cinta girada al aire
no tienen afluentes, ni desembocaduras,
ni meandros, ni cataratas.
Se enroscan colmados
en la dicha unidireccional del remolino.
Y llevan y llevarán
la plenitud despierta de la razón
mientras el pez ingrávido del sueño
habite en sus aguas.
( La niña se cansó pronto del juego
y estrelló la cinta contra el suelo )