Despierta: es la hora.
El susurro de los astros
rozando sus estelas ha cesado.
Mira todo
puesto boca abajo.
Caracoles recorriendo
las menudas distancias,
de la cómoda a la puerta,
de la puerta a la cama,
de la cama al jarron caído,
del jarrón caído a la desesperanza...
entre hojas intactas
van baboseando tus entrañas.
Los hilachos de vida
destejidos en el tiempo blando,
cuando derretíamos,
en las mañanas con escarcha,
los guijarros del arroyo
entre los rayos de luz que cincela
la persiana medio echada.
Despierta: es la hora.
El aire se llena de lágrimas
mientras que un ángel moribundo
recostado en el diván
canturrea una última canción.
El susurro de los astros
rozando sus estelas ha cesado.
Mira todo
puesto boca abajo.
Caracoles recorriendo
las menudas distancias,
de la cómoda a la puerta,
de la puerta a la cama,
de la cama al jarron caído,
del jarrón caído a la desesperanza...
entre hojas intactas
van baboseando tus entrañas.
Los hilachos de vida
destejidos en el tiempo blando,
cuando derretíamos,
en las mañanas con escarcha,
los guijarros del arroyo
con el calor de nuestras manos,
al soplo azul giran mecidos entre los rayos de luz que cincela
la persiana medio echada.
Despierta: es la hora.
El aire se llena de lágrimas
mientras que un ángel moribundo
recostado en el diván
canturrea una última canción.